Mostrando entradas con la etiqueta novela. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta novela. Mostrar todas las entradas

miércoles, 18 de mayo de 2011

Sonrío para no llorar. "Siempre el mismo día" de David Nicholls.

Paseando en círculos, de mayor y menor diámetro, uno llega a la entrada de la ciudad de la edad de treinta años. Yo personalmente, estoy llamando a sus puertas, armada de cantimplora de líquidos antioxidantes, con maleta llena de ilusiones y planes de vida. El primer tarro del milagro anti-arrugas asoma desde el neceser. Las llaman las líneas de fatiga. Así suena mejor, más aceptable. Como cada domingo - sobremesa - con el amor del mejor novio y el cariño de gato, tan mimada, menuda yo - estallo en sollozos. Allí en la entrada en la nueva década me estiro, en vez de esperar que se abra la puerta, expirando la mantra personal  "déjame entrar" - la tonta de mí: voy y cojo una de las lecturas quasi románticas que aspiran a ser uno de los mejores libros del 2011. "Siempre el mismo día" de David Nicholls. No pude acertar mejor.



Es un libro-viaje que habla de la relación entre dos personajes pintorescos y complejos, que habla de vidas paralelas destinadas a absorberse,  interpretadas por cada uno a su manera. Representa el clash de esos dos mundos, que se desenvuelve en una serpentina de risas y lágrimas. Comprobado: últimamente, soy un verdadero imán para esos libracos que explican el cuento. el tostón de buscar y de encontrar. 

"Siempre el mismo día", lleva la huella de Nick Hornby, resuena un poco al chillido de Bridget Jones,  a algunos recordará la pareja de satélites de los libros de David Glattauer. Son casi 500 páginas de prosa aguda e inteligente - no debería sorprender, que me ha durado sólo 1 sobremesa.  Una novela muy inglesa, lacada con un humor muy especial, lleva grabados de unos personajes algo rocambolescos pero tan cercanos a la vez. Los  conocemos jóvenes en un one night stand para sellar el fin de carrera: inmaduros, llenos de optimismo, rebosando ideales. Están igual de perdidos que apasionados. Les seguiremos por meandros de su juventud, mientras andarán por las llanuras de varios sentimientos, sufrirán el calor abrasador y el frío húmedo de las peripecias de la vida. 


Emma y Dexter, aunque "siempre están juntos" (metafóricamente hablando),  en lo que a lo físico encuentro se refiere - pasan en su compañía 1 día cada año.

Preguntan los amigos  si el libro es pasteloso, puede que para algunos sí, en su final que me ha costado un paquete de cleenex.  Para otros resultará aburrido. Habrá otros que dirán que es un despropósito llamarlo "un clásico moderno". Es algo convencional, previsible - sólo un poco - pero lo que adoro de esta novela es su naturalidad, no hay aditivos. La historia de dos personas que como boomerangs que van y vuelven, de una pareja de amigos que se pierde y se encuentra continuamente durante 2 décadas. 

Yo creo que es una lectura imprescindible para todos los Peter Pan's que tenemos casi 30 o ya 30, casi 40 ,  casi 50 años o casi más. No ayudará a madurar pero sí a ver con más claridad. Mirar y ver. 

4 suspiros y medio - son suspiros llorados y suspiros sonreídos.
 En "Siempre el mismo día" se respira amor y amistad. Recomiendo: invita a Emma y Dexter a pasar un finde semana en tu casa. Serán, sin duda alguna, invitados más extraños que has tenido. Enseguida te beberán todo el martini, comerán tus cereales, derramarán toda la leche y dormirán en tu cama. Y tu les dejarás hacerlo todo sin rechistar. Porque será como si las conocieses de toda la vida. Te encantarán. Y punto. 

^
Cierro con nota amarga musicalmente pero tierna a la vez. 
La canción que va para la Persona con la que comparto todo lo que busco y todo lo que encuentro. 

Anthony and the Johnsons: "Hope there's someone" 

jueves, 10 de marzo de 2011

Un escritor que es fotógrafo. Reseña de la 2ª parte de 1Q84 de Haruki Murakami.

A los lectores asiduos al blog ya les sonará mi tendencia de comparar los libros a los objetos y/o las sensaciones. Cada libro que leo inspira en mi alma lectora… una metáfora – más o menos pintoresca y compleja. Hoy quería presentaros la reseña de la segunda parte de 1Q84 de Haruki Murakami, una novela imprescindible y frágil, una aventura literaria multidimensional y peligrosa. Quería hablar de su aparición metáforica. Será una reseña dual – os guiaré por mi idea de la trama para pasar a la percepción del laboratorio del arte de Murakami. 



-trama-

Pienso en 1Q84 y no puedo quitarme de cabeza  ni cuerpo la sensación de caminar por un estrecho túnel.  Durante la lectura de la primera parte de 1Q84 daba pasos pequeños, me adentraba en la aventura,  mis ojos hambrientos palpaban el camino, sentía el frío de las paredes, temía la oscuridad y no quería alejarme de la entrada. Avanzaba poco a poco, me introducía en la historia. Cuando pasé a la segunda parte de la trilogía 1Q84 ya estaba acostumbrada a la escala de grises del libro, caminaba por el túnel más segura, conocía la distancia entre las paredes, no chocaba ni tropezaba, me hice amiga de Tengo y Aomame, Tamaru fue mi guardián. Me concentré en el argumento, me devoró el ambiente. En cierto momento perdí la sensación, despegué los pies de suelo – ya no era yo quién caminaba por el túnel, era el túnel que se adentraba en mí. El libro abrió una brecha en mí hasta llegar a la capa más profunda. Se apoderó de mi imaginación y  mi sensibilidad. A esa invasión la acompañó una delicada sensación de desorientación hasta el túnel se recompuso y me regaló la luz, destelló en la visión de una salida.
Hacia ahí vamos, los protagonistas y yo. 
¿Podremos encontrar la puerta  de salida en la tercera parte de 1Q84?

He de reconocer que hasta ahora no me encontré con una obra literaria que pudiese tener este poder sobre mí - de impregnación total.  Cuidado, no sabréis cuando  y el libro os succionará. Igual un día os vais a dormir en 2011 y el otro os despertáis mirando el cielo del 1Q84.

BCN 1Q84

- arte -

La técnica de Haruki Murakami desborda arte, es multidisciplinar. En la saga 1Q84 reafirmó lo que ya sabía anteriormente: este autor tiene un don especial - él de fotografiar la trama que ingenia… con palabras. Su cámara literaria capta las ideas y las historias para plasmarlas en instantáneas. El escritor japonés utiliza la doble exposición, solapa negativos de varias historias – hace escenas a lo bokeh nocturnos – con su pluma enfoca los protagonistas para diluir  sus siluetas el entorno…  Le añade una banda sonora  cuidadosamente seleccionada a esta serie de foto-litera-grafías.  Gracias a su buen ojo y su mejor pluma obtiene resultados de lo más increíbles y geniales. Es un maestro de retrato femenino – las ilustra bellas, sensuales y complejas, pero con orejas al descubierto. Hace narrativas masculinas interesantes - con un toque gastronómico y deportivo. Tuerce suavidad y alisa rugosidades. Balancea el libro, le da una ligereza a los diálogos, pero siempre con granulado bien visible – para mostrarnos los trazos de leer entre líneas y de buscarle otra lectura a lo más obvio. Es un artista que posee una técnica magistral -  daría mucho por poder visitar algún día su laboratorio.



-*-
Cierro la tapa del libro. Cierro los ojos, veo los héroes y las heroínas en escenas llenas de expresión, retorcidas por una mueca de surrealismo. Medio-sonrío y enjuago las lágrimas, no me despido de Tengo y Aomame, ya los llevo dentro de mí. Los hice mis aliados, los reclamé y atesoré. Estarán ahí, cuidados por mi crisálida  hasta que las editoriales nos traigan la tercera parte de 1Q84.
Suspiro una infinidad de veces.
[Deleite] 


martes, 25 de enero de 2011

Respuestas son heridas. Una cita de "Los dientes de los ángeles".



"A la mañana siguiente del primer sueño, entré en el cuarto de baño y empecé a quitarme el pijama para ducharme. Me quedé de una pieza al verlo...
(...) No me he hecho algo así en la vida. Nunca he estado en un hospital, ni me he operado. Le hice unas preguntas a la Muerte, y cuando desperté a la mañana siguiente, estaba ahí. (...)
No es ningún don, Miep. 
(...) Te dice todo lo que quieres saber, pero tienes que comprenderlo. Si no..., te hace esto hasta que aprendes a tener más cuidado con lo qué preguntas. El problema es que, cuando empiezas, ya no puedes parar de preguntar. En la mitad de mi segundo sueño, le dije que quería parar; tenía miedo. Me dijo que no podía". 

domingo, 16 de enero de 2011

Postres literarios. "Cada siete olas" de Daniel Glattauer.

Tipo de plato: postre literario
Para: 1 persona o 2 ¿?
Sabor: dulce, picarón 
  • un kilo de harina literaria de buen costal... para que los personajes crezcan pulcros y esponjosos
  • un puñado de azucar, para darle al libro ese toque dulce y romanticón que a tantos de nostros nos gusta
  • una pizca de acidez, para equilibrar la experiencia
  • una gota de vino dulce embriagador
  • un vaso de agua cristalina de estilo puro, directo y fresco
  • un buen paquete de levadura de talento
  • una fina capa de azucar glacé, refinado y brillante



hornear a temperatura glatteuriana 
conservar en un sitio cálido y cómodo
***
listo para servir...listo para deleitar

"Cada siete olas", la continuación del bestseller "El viento del norte" de David Glattauer, es un postre bastante apetitoso. Me duró un viaje de avión - justo lo que se tarda en llegar desde Barcelona a Cracovia (una ciudad en el sur de Polonia) - mi vuelo navideño de 3 horas. 
Tenía mis preocupaciones en cuanto a este libro. Emmi, la pro femenina de la epopeia epistolar ya desperdiciaba e-mails en el primer tomo de la aventura Glattaueriana. Mucho temía yo que su creación en el segundo tomo va a resultar en un fracaso total de la relación, de la pareja y del libro... sino la serie literaria. Glattauer debe ser un tío cuerdo además de un autor ingenioso porque su segunda parte antes que a plato recalentado sabe a un plato re-inventado. Una receta madurada. Eso es: más sencilla, más concisa y sobre todo... conclusiva. "Cada siete olas" no sacia apetito, lejos de un manjar como mucho resulta un postre. Una lectura simple pero conmovedora, muy real y natural por lo artificial y online que puede parecer. Ideal para leer en una tarde ñoña - con acompañamiento de una copa de néctar preferido.
Para mí, la lectura "Cada siete olas" produce la misma sensación que un mordisco de chocolate negro puro relleno de mermelada de naranja amarga con especiado de guindilla. Sabor perdurable e intenso
¡Buen deleite!



Para los que no saben de qué estoy garabateando, os dejo la sinopsis-intro:

  1) ¿Ya conoces a Emmi Rothner y a Leo Leike? Entonces es que has leídoContra el viento del norte, la inusual historia de amor en que dos personas que jamás se han visto se enamoran perdidamente por e-mail.
2) ¿Opinas que los enamorados se merecían verse personalmente, aunque fuera sólo una vez? Comienza a leer Cada siete olas.
3) ¿Te dispones a abrir este libro sin conocer Contra el viento del norte? Aquí tienes el equipaje necesario: Leo Leike vuelve de Boston tras poco menos de un año. En casa lo esperan noticias de Emmi Rothner. Ambos se dan cuenta de que sus sentimientos no han cambiado y piensan que quizá deberían verse una vez en persona. Pero Leo ha empezado una relación y Emmi sigue casada…