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domingo, 4 de septiembre de 2011

Clarice Lispector es lluvia. "Cerca del corazón salvaje".

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Veo una niña preciosa sentada en la orilla, su rizos envueltos en la humedad de las olas, sus ojos compuestos de la búsqueda del horizonte lejano. 
Veo una mujer desgastada en la vida ordinaria, hambrienta de gotas, sedienta de palabras, rabiosa y apasionada. Odiada. Desenfrenada en su obsesión por si misma. Por dibujarse. Por ser.


La mujer se busca, en vano, se adentra al pasado en pos de la niña. La niña escapa hacia el futuro, persigue olas de tempestad. Ansiosa por ser mujer. Nunca coinciden, las dos viajeras eternas. Infancia y madurez. Niña y mujer.
***

Leo a Clarice Lispector y huelo lluvia. Veo mar. Veo cielo nublado amenazando con un diluvio de versos. 
Joana. Niña. Viven en el delirio de dudas, duermen en el limbo, se alimentan de frenesí, beben gotas de rocío de la soledad… La novela "Cerca del corazón salvaje" chispea un tono muy personal, introspectivo, un diálogo íntimo más bello que he leído nunca. Es un diario, una crónica de la niña, de la mujer - bella y delicada, de un talento y una sensibilidad salvajes, de una naturaleza fuerte e irreprimible.

Sinopsis:
Cerca del corazón salvaje es el intento de construir la biografía de Joana, no el personaje central, sino uno de ellos, desde la infancia hasta la madurez, buscando la verdad interior, estudiando la complejidad de las relaciones humanas, intentando olvidar la muerte, la muerte del padre, que Joana no aceptará jamás. En esta autora, el silencio es el centro de su obra. y también, la meditación y la experimentación sobre los límites de la palabra. Nadie duda hoy de que la obra de Clarice Lispector es, en nuestro tiempo, una de las experiencias más profundas para expresar temas que nos desbordan: el silencio y el ansia de comunicación, la soledad en un mundo en el que la comunicación ficticia nos abisma en el desamparo, la situación de la mujer en un mundo creado por los hombres. Cerca del corazón salvaje es ya, en este sentido, un clásico, y su importancia no hará más que destacarse con el tiempo.
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{eso lo llaman vida} 
Ellas no conocen sus fronteras, buscan esbozar los bordes de su existencia en vano, nadan en el río de dilemas. Cuando toda respuesta  falla, lloviznan páginas de lágrimas trenzadas de letras. Desde el concentrado de su frenesí caen borrasca de frases. Su literatura es como agua que diluye, una novela que aclara. Clarice. Muchas Clarice. Varias. Todas. 

Las páginas del libro son como el agua que nutre. Aviso que su humedad empapa. Hay párrafos que presagian desasosiego existencial. Hay frases que zozobran hasta el final de la página sin acariciar ni siquiera la orilla. Clarice no teme sumergir sus personajes en el pasmo y abandonarles en la duda. 


Clarice Lispector no se resume. De ahí el carácter meandroso de mi reseña. Lispector es imprescindible para todo aquel que ama a las palabras. Hay escritores cuya infinidad no se puede describir. Hay escritores que lo son. Clarice pertenece a este tribu: es una tejedora nata. Diluyó su vida entre las letras, dedicó su existencia completamente al arte de urdir los hilos de la creatividad. El arte de vivir. 

En la obra, “Cerca del corazón salvaje” Joana ha salido con el propósito de traer a casa la esencia pero no ha encontrado el camino de vuelta. Ahora dudo si alguna vez existió esa casa… y ella? Imaginación puede ser tramposa. Tanto silencio que se manifiesta en un griterío mudo. ¿Ha vuelto a casa la niña?

Leeré más y os lo diré. Tengo en la mesita de noche: “Un soplo de vida”. Dice su sinopsis:
Un soplo de vida es la última indagación literaria de Clarice Lispector y, quizá, su más intensa meditación sobre el sentido de la vida y del acto de escribir libre de toda atadura.
Muchas gracias, @gancedo por regalarme el libro e introducirme en el mundo de Clarice. Me quedo ahí... 

domingo, 10 de julio de 2011

Despertarse. Escribir. Mi primer encuentro con Marguerite Duras.


Un escritor es algo extraño. Es una contradicción y también un sinsentido. Escribir también es no hablar. Es callarse. Es aullar sin ruido.
Marguerite Duras convocaba el espíritu de la escritura y lo moldeaba a su antojo. ¿O era el espíritu que rugía en ella y la poseía? En cualquier caso, eran inseparables y de esa unión nacía una belleza de verso capaz de trastornar al lector más insensible. 
Era una persona maravillosa, tanto que dejó un preciso testamento de su taller de la escritora - unos ensayos recopilados en "Escribir", (en España ed. Fabula Tusquets). 
***
Leer a M. Duras es dejar que nos atraviese una descarga que agita el pensamiento entumecido. Es bailar a su ritmo, es someterse a un mareo constante. Al acabar la lectura nos encontraremos algo inquietos, inseguros, distintos. 
Marguerite conoce la brujería de palabras que sacuden y transmiten verdades que despiertan sed de más. Para ella, escribir es una maldición. Escribir es sembrar bondad. Escribir lo es todo. 
Alrededor de la persona que escribe libros siempre debe haber una separación de los demás. Es una soledad. En la soledad del autor, la del escribir...Esta soledad real del cuerpo se convierte en la, inviolable, del escribir...
La francesa habla de la escritura como de algo absoluto. Celebra la palabra escrita que pretende llevarnos de viaje empinado al centro del ser humano, de su piedad y de la locura, de su ardor y su frialdad. Leer a Duras es entrar en el mundo del escritor, romper su caparazón superficial y rasgar el fuero interno. Es estremecerse.

En “Escribir”, un caleidoscopio muy personal de pensamientos no domados, Duras declina la existencia y conjuga los universos.
Crea un ganado de palabras, lo deja libre en las explanadas lisas de papel para que se pastee, para que se reproduzca, para que se convierta en ese paisaje mágico y etéreo aunque macizo … la escritura.
Cuando yo escribía en la casa todo escribía. La escritura estaba en todas partes...Eso hace salvaje la escritura. Se acerca a un salvajismo anterior a la vida. Y siempre lo reconocemos, es el de los bosques, tan antiguo como el tiempo. El del miedo a todo, distinto e inseparable de la vida misma. Uno se encarniza. No se puede escribir sin la fuerza del cuerpo. Para abordar la escritura hay que ser más fuerte que uno mismo, hay que ser más fuerte que lo que se escribe...

Bendito sea el día cuando me hablaron de Marguerite Duras.  Sus ensayos de “Escribir” han marcado un antes y un después en mi vida. Todavía siento la serie de estímulos agudos que llevó al hormigueo de los dedos. Cuido el recuerdo del escozor de sienes del que nacieron las ganas incomprendidas de crear, de formar, de pertenecer. Gracias, Marguerite… 

Gracias por despertarme.