martes, 26 de enero de 2016

Ojalá me sucediese más a menudo... Leyendo "Instrumental" de James Rhodes.

    

Raramente pasa que dé cobijo a las palabras ajenas en mi interior, que las acaricie, sepa entender, asimilar y permita que penetren en esas capas más profundas de mi personalidad. Si eso llega a pasar habitualmente es una experiencia tan íntima y religiosa que nunca hablo de ello y aún más improbable que vaya vociferando sobre la experiencia.
Pero llega James Rhodes como el torbellino que todo lo remueve, cambia de sitio y hace que los mosaicos antes descifrables por fin cobran sentido, que en el tapiz de mi propia “locura” empiezo a ver patrones, un significado y hasta cierta grandeza.

Tema 17 [pág. 231]
De todo lo que aprendí, lo que más me ayudó fue experimentar esos sentimientos de dolor y vergüenza pero olvidarme de las historias vinculadas a ellos. Antes, sentía esa vergüenza, asco o desprecio por mí mismo, y al notar aquellas emociones me las iba narrando mentalmente, les ponía imágenes y palabras, exploraba los motivos que había tras ellas, me permitía alimentarlas, juzgarlas, multiplicarlas. Entonces aprendí, lentamente, a quedarme quieto y fijarme en ellas con curiosidad, sin etiquetas, narraciones ni juicios. Advertía en qué parte del cuerpo se alojaban (siempre en el corazón o en el estómago), las observaba, experimentaba el dolor, me quedaba a su lado. Y os prometo que cuando haces eso, todo empieza a curarse. De forma lenta pero segura, empieza a curarse, disminuir, mitigarse.

Sí, “Instrumental”, ese libro maldito de James Rhodes ha desbloqueado en mí algo, ha soltado un ente, ha abierto esa compuerta escondida al final del pasillo que evitaba visitar y olvidaba con mucho esmero. Porque hay personas que para crear y sentir… tienen que sufrir. Eso en la lectura de James queda muy patente y pierde esa connotación negativa. James parece decir:  abraza tu oscuridad, transfórmala en algo grande. No tengas vergüenza, no sufras en vano. Al final de camino, para ti también hay rendición.
Tema 16 [pág. 207]
Estoy condicionado y mentalmente estructurado para temer lo peor, creer a todas las voces negativas de mi cabeza y esperar que sucedan episodios horribles. Así son las cosas. El lado positivo es que eso me lleva a estar siempre alerta, con ambición, esforzándome. El negativo…, bueno, pues que estoy chalado, estresado, que el éxito de los demás me inspira una envidia horrorosa.

                
Y hace falta tener un par de cojones bien puestos para hablar de terror, miedo, humillación, vergüenza en la manera que lo hace James. Lo suyo es expiatorio y terapéutico, hasta educativo. Y en ningún momento artificial, porque por las páginas de “Instrumental” corre sangre de verdad, allí hay grito y angustia agazapados esperando para devorarnos, hay verdad odiosa y mentira complaciente… Hay esperanza y duda. Hay un proyecto, una oda monumental a la vida, una torre de sentimientos hecha sobre escombros que se sostiene gracias al amor por la música.

Que su historia sea de las espantosamente dolorosas y que encierre tabú de esos intocables, solo hace que la lectura sea más intensa. Pero no confundamos eso con morbo y sensacionalismo.
Recuerdos dolorosos que comparte James, recuerdos y experiencias que desintegrarían cualquier corazón, se explayan de manera muy natural – si es que natural y violación infantil pueden coexistir en la única frase. Esa verdad visceral se apega a nosotros, la hacemos nuestra, la vivimos y aprendemos de ella.

Tema 10 [pág. 130]
Nada, absolutamente nada, me impedía hacerlo. Repito que por eso es tan difícil tener paciencia con personas como yo. En mi fachada hay dos puertas. En una se lee claramente: BUENA VIDA; en la otra, INFIERNO. Y no solo crucé la puerta oscura, sino que lo hice silbando, con toda la despreocupación del mundo, remangándome y con gran decisión. Me metí tranquilamente, como si fuera el mayor gilipollas del mundo, en el puto apocalipsis.

Porque tener ese amasijo de oscuridad y sufrimiento dentro y hablar de música como los ángeles. Porque tener el cuerpo y alma partidos por trauma infantil y conservar lo suficientemente belleza y amor como para escribir de esta manera y querer abrirse al mundo. Abrirse con su fragilidad, su rabia, su locura, sus voces, su determinación y su fracaso. Su belleza y su fealdad monstruosa. Su amor y su odio… Eso es ser grande - un genio.

Debo también mencionar la impoluta forma que buscó Rhodes para encerrar sus locuras y sus pasiones. “Instrumental” es una recopilación hecha de 20 temas, con un prólogo y epílogo. Un concierto de música clásica izado de palabras y sentimientos… Una construcción hábil, que enlaza la historia personal de James y su descubrimiento de música y el impacto que su magia tuvo en él. Memorias llenas de digresiones, anécdotas y lecciones magistrales de vida. Un camino de superación a través del vasto mundo de música clásica y sus genios.

Tema 17 [pág. 223]
Ahora sé que la música cura. Sé que me salvó la vida, que me mantuvo a salvo, que me dio esperanza cuando no la había en ningún otro sitio.

 Fue el primer libro que he leído este año. Y es que no podría elegir una estela mejor para el 2016 que esas memorias Rhodes. Aquí me encuentro a mí misma – delante de una hoja en blanco… escribiendo otra vez. No necesito otra confirmación que esta.



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Me ha dado ese brote compulsivo de ir recomendando el libro a diestra y siniestra (amigos, lo siento) pero os lo digo de verdad: tenéis que leerlo. Leedlo, los que combatís vuestros propios demonios, por muy estrafalarios que sean. Y los que no los tengáis también leedlo… Aprenderéis de música, de lo bello de crear y seguro que os hará bien. Y de paso os daréis cuenta lo felices y afortunados que sois al no tener una brecha que os parte por la mitad. Y os empujará a apreciar más la vida,  a disfrutarla... joder!


Tema 7 [pág. 90]
Es espantoso e irónico saber que he pasado casi toda la vida huyendo de las cosas que me acabaron salvando (la sinceridad, la verdad, la realidad, el amor, la aceptación de quien soy) porque creía que me matarían.




sábado, 26 de septiembre de 2015

Traducciones propias. Poesía Polaca VII. Halina Poświatowska

Kraków, finales de verano del 1967, se apaga otra estrella fugaz de la poesía polaca. Muere Halina Poświatowska después de la segunda operación de corazón y una larga enfermedad. Tiene solo 32 años.




Halina, poetisa y traductora de poesía, era una mujer de gran talento, Dejó tras sí 5 tomos de poesía y prosa, algunos versos sueltos más. Un amigo suyo, Jan Zych, cuenta en la introducción a su Obra selecta, que en el lecho de muerte le acompañaba un tomo de la poesía de García Lorca, Halina pedía que se lo leyeran en original.

Sus versos muy botánicos respiran la duda de la existencia, alaban la felicidad de ser vivo. El bordado femenino palpable en la selección de cada palabra conecta con la naturaleza, canta la magnitud del universo.

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Yo misma. Rodeada de ramas del vid jade, de tiritar del viento entre las hojas del declive de verano, del omnipotente piu piu de los pajaritos, conecto el portátil y a mí misma. Selecciono esos poemas y hago mi peculiar come back de entre escombros urbanos y mis propios meandros de la existencia. Traduzco para vosotros una selección de poemas de Halina, una selección que quizás peca por ser demasiado subjetiva – pero qué le vamos a hacer. 

Inspiración, fruto del momento, flechazo. 
Que disfrutéis tanto como había disfrutado yo leyendo y traduciendo a Halina Poświatowska.



***
Ponme la mano en el pómulo
que sea gélida y salada
como el océano

no vengas a mí de buen tiempo
mis ramas no capturarán
la llama verde de la hojarasca
soy seca cual mástil

rodeado por las malas aguas
el barco de mi corazón

gira hacia los mares del Norte



***
Hacia tí
a través del tiempo
a veces tan cerca
que casi te toco

no sé
dónde acaba la memoria
dónde empieza la realidad

el reloj de mi cuerpo
se ha averiado

tozudamente revive
los instantes
ya resecos
en el interior de los arboles

el tiempo no sabe solidificarse
fluye
a través de la sangre

***
Permanece cerca de mí
solo entonces
no siento el frío
el frio sopla/atraviesa el espacio

cuando pienso
qué grande es
 y qué soy yo
necesito entonces
tus dos brazos cerrados
esos dos rayos de universo

***  
Justo ahora amo
así que con la palma de la mano
recorro cada nervio
ligadura de oro
justo ahora soy
así que a las hojas
que brotarán del árbol
al suave manto de la hierba
que crecerá
a las manzanas que madurarán
le susurro a la oreja verde de la primavera
que el día oscuro de ayer
en el mar azul
ahogaron la muerte

***
nosotras no creemos en el infierno
en el fuego bailando
nosotras mismas somos chispas
en nuestros rostros cada noche
buscan su reflejo las estrellas adormiladas

nosotras, del abismo de los mundos
oliendo a azufre y alquitrán
(porque perfumes también son alcohol)
acogemos en un suave abrazo
los del infierno y los del cielo

quien nos maldecirá
sino nosotras mismas en una risa loca

no nos toquéis con la mano
no nos señaléis con el dedo
sombras del atardecer muerto
entre las callejuelas
– bailan las lámparas –
nuestros pies descalzos timbran, timbran

bajo la luna, la moneda de plata
(porque perfumes también son alcohol)

***
En tus dedos perfectos
soy tan solo un temblor
soy el canto del follaje
gracias a un cálido toque de tus labios

el olor molesta – dice: existes
el olor molesta – disuelve la noche
en tus perfectos dedos
soy pura luz

ardo en lunas verdes
por encima de un día marchito y ensombrecido

de repente sabes – tengo los labios rojos
– el flujo de sangre trae el sabor salado –


***
A veces llega una clara
conciencia de la fatalidad
de la tierra rota



no sé a dónde se van después de muertas
las partículas más pequeñas
no puedo prometerles el paraíso

los viajes interestelares no son para ellas
sometidas a la ley de la gravedad
caen caen